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La identidad y el entusiasmo por el trabajo marcan el proceso creativo del artista Orientando la pasión por el arte con calidad humana Alejo Jacobo trabaja sin prisa, dedicándole así el tiempo que requieran sus esculturas
Fernando Silva / Especial Cuernavaca. El maestro Alejo Jacobo es escultor, pintor, pianista, compositor, buen conversador y un hombre colmado de interesantes y simpáticas anécdotas. Es originario del Municipio de Juan Ruiz de Alarcón en el Estado de Guerrero, de donde recuerda los recorridos que realizaba de niño por las minas del lugar y que le dejaron entre otras cosas la fascinación de dibujar con un solo tono, negro sobre fondo blanco. Actualmente se pueden admirar algunas de esas pinturas en su taller ubicado en la carretera federal México-Cuernavaca, además, de apreciar parte de su escultura monumental. Después de realizar sus estudios en la Escuela Nacional de Pintura, Escultura y Grabado “La Esmeralda” en la capital del país, llega a Cuernavaca en 1957 para fundar con Guillermo Arriaga, Luis Alonso, Ramón Gálve y Javier Iñiguez, el Instituto Regional de Bellas Artes (IRBA) A partir de ese momento da inicio a su trayectoria como docente, formando y orientando a un sinfín de talentosos alumnos. ¿Qué elementos se internaron en tu mente para acercarte al arte? Sin lugar a dudas, las gigantescas fotografías de la obra del escultor renacentista Miguel Ángel que la pintora María Izquierdo me acercó a la edad de seis años, me impresionaron muchísimo. Después, el arte prehispánico; la Escuela Mexicana de Pintura y las culturas mexicana, española, francesa e italiana. ¿Por qué decides venir a Cuernavaca? Fue causal el venir a Cuernavaca, porque mi esposa (Alma Gloria Rosado, que es de Mérida, Yucatán) sufría de mucha tos en la Ciudad de México, el frío le hacía mucho daño. Un domingo venimos a Cuernavaca y el clima le fascinó. Además me encontré a Jackson Breck, un compañero americano que me dijo que se estaba fundando un instituto de cultura; me fui a México, regresé al otro día y conocí al director, le mostré mis credenciales y de inmediato empecé a trabajar. En 1957 había una efervescencia que hacía el arte muy interesante en esta ciudad, se quería hacer algo así como en San Miguel de Allende, pero más formal y estructurado. A través de un convenio tripartita entre la Universidad Autónoma del Estado de Morelos (UAEM), la Sociedad de Artes Creativas (Institución formada por maestros e intelectuales) y el Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA), fue lo que dio origen al Instituto Regional de Bellas Artes (IRBA), convertido posteriormente en lo que hoy conocemos como el Centro Morelense de las Artes (CMA). ¿Cómo observas a la distancia el quehacer del CMA? Bien en general, pero lo realmente fantástico es la gente y los estudiantes que se acercan al Instituto, llegan con mucho entusiasmo para formarse en las artes. Creo que los directivos del CMA y los representantes de la cultura en Morelos pueden lograr –con el potencial artístico que existe en esta ciudad– mucho más de los esfuerzos que hasta ahora realizan, se esmeran pero tienen que explotar mejor ese recurso, lo tienen todo (como era la idea original) para alcanzar una mayor calidad educativa, humana y social. No todo es presupuesto de gobierno, ahí están también las empresas privadas que pueden contribuir mucho en ese sentido. ¿Cómo te inicias en la escultura?
Pero la experiencia más importante fue muy interesante, porque en la primera “Feria del Libro” en 1945 le tocó hacer al maestro Juan Cruz, un Miguel de Cervantes Saavedra de 20 metros de altura, la cual elaboró en yeso. Fue mi primera práctica con lo monumental y en la que me soltaron el “estique” para modelar. En ese momento creo que Juan Cruz era el escultor número uno de México, y con él, inicie de manera sería mi incursión a la escultura. Posteriormente dirigí mis expectativas a los plásticos. A partir de 1952-53, trabajé con la gente de Deportes Martí para crear la primera fábrica de plásticos flexibles, con talleres de galvanoplastia, cobre, platear figuras, hacerlas en baños líquidos y modelar en cera, pero con ellos era en un sentido masivo, con lo cual yo no me sentía a gusto. Siempre preferí el trabajo no repetitivo. La escultura debe ser algo muy especial, es ir creando una obra distinta cada vez que te pones frente a la arcilla. ¿Te resulta fácil realizar tus esculturas? ¿Por qué la preferencia del trabajo monumental? No me resulta fácil hacer mis esculturas. Me cuesta mucho trabajo encontrar una pose e interpretarla, las posiciones dinámicas en la escultura son mi constante preocupación, pero cuando las encuentro me llevan a un gran placer. A mí no me sorprendió el estructuralismo porque yo empiezo por estructuras. Cuando me planteo el problema básico del arte, es decir, ocupar el espacio, en realidad estoy ocupando o desocupando el área, son dos fenómenos de los cuales parto. Hay elementos tan básicos como las siete notas musicales con las cuales puedes hacer la estructura, el movimiento, el color y el ordenamiento de la composición, todo sigue la idea armónica. El arte puede desarmonizar o desintegrar tal y como sucede en la naturaleza. En cuanto al trabajo monumental es porque simplemente me siento más cómodo, el problema no es el tamaño en sí, la complicación está en cómo puedo transformar el tamaño por una necesidad de espacio y movimiento, o la idea de la figura dentro del espacio, es en ese momento en que me nacen inquietudes muy interesantes. Seguir por ejemplo lo que se ha hecho históricamente con el contrapunto en la escultura, tratar de resolverlo, ver los casos donde ya está resuelto, ahí tienes planteado un problema que no es fácil de solucionar, pero que te tienes que concentrar para lograrlo. En mis piezas siempre trato de resolver el contrapunto escultórico.
De hecho, antes de pasar por la arcilla y generar el modelo de mi escultura, realizo un sinnúmero de bocetos de los cuales voy eligiendo las poses para mi pieza, una vez seleccionadas, las trazo nuevamente en el piso al tamaño final hasta quedar totalmente satisfecho, de ahí, paso a la estructura y a trabajar con el volumen. ¿Hay alguna razón particular para que predomine la figura humana en tu escultura? En mi caso es muy importante. Me gusta que mi escultura esté tocada por lo humano, lo que quiero decir es que cuente con esas sensaciones que nos permiten establecer sentimientos de bien, aunque desintegre la forma, de cualquier manera se que están ahí. La expectación siempre está en lo humano, unas veces como crítica y otras como desorden, pero la mayor parte encuentro en esa búsqueda la manera de revalorizar las cosas, principalmente cuando me sumerjo en el mundo de los pensamientos que han revolucionado a la humanidad. En octubre de 2007 cumpliste 50 años como docente ¿Qué te ha dejado esta experiencia y, en esa medida, como observas el futuro de los alumnos que salen de tu aula? Generar artistas es muy gratificante pero a su vez muy complicado; si nos vamos a las estadísticas, cuántos años tiene la Academia de San Carlos y cuántos artistas ha dado, en verdad no es cosa fácil. A muchos de mis alumnos he tenido que darles la orientación desde un punto de vista cultural, técnico, histórico y sociológico. En muchos momentos ha resultado totalmente caótico y las razones son muy simples, no ha sido constante y suficiente la colaboración de parte de las autoridades por fortalecer los programas educativos y, desde los hogares, no es común que se fomente desde temprana edad las habilidades artísticas en los muchachos. Por otra parte, estar en el aula es una total retroalimentación, me permite estar dentro de las materias que me gustan e incrementar los conocimientos que me permiten conocer nuevos materiales y técnicas. Mi familia me dice con frecuencia que deje la escuela, que descanse, pero no quiero. Mientras no esté “chocheando” (le digo a mis alumnos) aquí estaré. De hecho, cuando veo salir a mis alumnos me da una gran satisfacción, quisiera en ese sentido, que todo el mundo comprendiera el arte y los anhelos que hay detrás de la pasión creadora. A mí me gustaría una sociedad más culta, artística y científica, pero sobre todo más humana.
Nota: El autor de esta serie de entrevistas es artista plástico y Director de elsalmon, Ediciones. Si tiene algún comentario lo puede enviar al correo electrónico: elsalmonediciones@prodigy.net.mx |
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