En diciembre de 2009 representará a México en la Bienal de Florencia en Italia
Conrado Domínguez, un afanoso creador de vanguardia
El Color, la libertad y la emoción, son los principales componentes que determinan su obra
Fernando Silva / Especial

Cuernavaca. Conrado Domínguez Rodríguez nace en el Estado Libre y Soberano de San Luis Potosí en 1950. Ha conquistado vastos campos de la creación artística en la pintura mural y de caballete, así como en la escultura, grabado y cerámica. A los nueve años ganó el primer lugar en un concurso de dibujo en su ciudad natal, obteniendo con ello una beca del Instituto Potosino de Bellas Artes. Ha realizado más de treinta y ocho exposiciones individuales y doscientas cuarenta colectivas en México y en el extranjero. Su trabajo mural se encuentran exhibido en las ciudades de México; San Sperate, Cagliari Sardeña (Italia); San Juan de Puerto Rico y en Miami, Florida. Su trabajo mural más reciente se encuentra en exhibición permanente en el World Trade Center México.
Es interesante saber que a los nueve años ganas un concurso de dibujo. Descríbenos un poco tu infancia y como fue esa experiencia.
En mi casa no había mucha abundancia, pero sí lo necesario para mi desarrollo humano y el de mis ocho hermanos. Vivía con alegría porque tenía mucha libertad, me movía y hacía lo que quería, no porque mi mamá me permitiera demasiado, sino porque fui de un espíritu y carácter fuerte; prefería que me nalguearan a que no hiciera algo que se me antojaba hacer, entonces… me brincaba las trancas. Cuando eres niño, si realizas lo que quieres hacer te sientes contento.
En aquel entonces llegó la compañía Gillette y realizaron un concurso de dibujo en el cual participé. Recuerdo que había que hacer un Pegaso, que lo tenían como un símbolo. Mi hermana Eugenia me prestó sus “Prismacolor”, que era algo así como el lujo en lo que se refiere a lápices de color, y con esa oportunidad me puse a dibujar. Estaba entusiasmado y muy entretenido haciendo el dibujo.
A los 15 años ingresas a la ENAP (Escuela Nacional de Artes Plásticas) ¿Qué significó para tu familia anunciarles que te dedicarías a la pintura?
Creo que para mis padres resultó un trauma, porque cuando un hijo les dice a sus papás que se quiere dedicar a esto, es como si les dijeras que te quieres dedicar a vago, a algo ilegal o indebido. De hecho, mi papá no me quiso proteger (en el sentido de darme apoyo económico), me obligó a trabajar y me puse a repartir revistas en una camioneta. De ahí sacaba dinero para ir en la tarde a la ENAP, en el antiguo edificio ubicado en Academia 22, lo que se conoce como la Antigua Academia de San Carlos.
A la distancia, agradezco la actitud de mi padre, porque en esa etapa me volví independiente. Dejé la casa de mis padres y armé la mía, eso me permitió luchar para sacar adelante la vida. Ahora con mis hijos me doy cuenta de que uno los protege demasiado y que no debe ser así, a los hijos hay que aventarlos al aire y que comiencen a volar, porque si no, se parten su mandarina en gajos.
¿Qué les dirías a los padres que cuentan con un hijo con capacidades artísticas?
Se han acercado amigos en los últimos meses pidiéndome consejo en este aspecto. Sé que el mercado del arte está muy difícil y, en lo primero que pienso, es en cómo se puede incrementar el ejército de desocupados. Ahora que si la gente tiene recursos para apoyarlos, pues adelante.
En el mundo del arte hay un pastel para 500 o mil artistas, el problema es que hay 100 mil que quieren un pedazo de ese pastel. A la par, no hay quien regule la competencia desleal hacia esta actividad, hay gente que por hobby pinta y, sin gran preparación, se atreve a exponer y/o vender sus cuadros. Estas personas perjudican a los profesionales que nos dedicamos los 365 días del año a crear. Eso no se me hace justo, entre otras cosas, porque engañan y confunden a la gente sobre lo que es arte.
¿Los creadores deberían contar con mejores estrategias comerciales para la difusión y venta de sus piezas?
Por supuesto. Actualmente estoy muy interesado por la mecánica de la mercadotecnia y el estudio de una serie de fenómenos en este campo. El mercado está muy manoseado y hay una hiperinflación en los precios. Hay que sustentar objetivamente el valor del arte, en esto va incluida la técnica, la trayectoria del creador y, principalmente, el respeto al comprador.
A partir de las crisis económicas como la que ahora nos presentan, los artistas nos hemos visto en la necesidad de hacer de “marchantes”. En una ocasión platicando con Rodolfo Sanabria, gran pintor, decía que tenía 10 ó 15 años sin tratar con galerías y pudo sobrevivir, entonces qué está sucediendo, que los artistas hacen las conexiones directamente. Creo que las galerías deberían de fungir como las notarías, dando fe de que lo que muestran cumple con los requisitos necesarios para convertirse en una pieza con valor artístico, y con ello, darle confianza al coleccionista y garantía de lo que adquiere.
Cuando inicias una obra ¿Te planteas el tema de la técnica o das rienda suelta a la libertad creadora?
Siempre parto de un boceto cuando es talla en madera, es parte del proceso natural de la técnica que realizo últimamente, trato de subir niveles y hacerlo en varias dimensiones. En el caso de los cuadros elaborados unidimensionalmente, lo hago sobre la pieza como dicen los italianos a piacere (a placer), eso me ha permitido hacer más cálida la obra en el sentido de que está realizada con libertad, pero la parte que más me ha inquietado y que domina mi propuesta plástica es la de transmitir una emoción; no me interesa ni el mensaje, ni la composición, ni una bola de tarugadas que han enfriado el trabajo de mucha gente. No doy discursos, simplemente procuro transmitir una sensación, en ese sentido creo que soy más cercano a Tamayo que a gente de la escuela mexicana de pintura como: Orozco, Rivera o Siqueiros.
¿Cómo definirías tu línea plástica?
Entre figurativo moderno y abstracto. No me considero un innovador, pero sí una creador que va hacia la vanguardia, hacia el lenguaje de lo no escrito. No es que yo esté descubriendo el hilo negro, ni que esté aportando los grandes mensajes, pero sí crear algo que sea más allá de que lo que ya hemos visto. Si nos vamos hacia la historia del arte y vemos de dónde sacaron sus conocimientos o sus influencias gente como Picasso y miramos hacia el arte africano, nos damos cuenta de que no hay nada nuevo bajo el sol.
¿Cómo vas resolviendo tus piezas? y ¿En qué momento decides que están terminadas?
Hay una expresión popular propia de Morelos que a mí me gusta mucho, cuando un jardinero ve un jardín seco, voltea y dice: “Este jardín quiere agua”. Entonces, cuando yo veo las piezas que estoy trabajando me van diciendo lo que quieren. Aunque a veces cometo el error de no saber parar o no saber escuchar la voz de mi pieza. Expresaba Octavio Paz: “Cuando miro las cosas, siento que las cosas me miran”, y a mí me pasa lo mismo, siento que mis piezas me miran y me dicen, no, no, no, vas bien por ahí, bájale un poco más. Me divierto mucho al pintar y cuando el cuadro me dice ¡basta! Ahí le paro.
En 1975 recibes una beca por tres años del Gobierno Francés para estudiar en la École Supérieur des Arts Décoratifs ¿Qué representó para ti?
Fue una experiencia muy interesante. Uno piensa que el desarrollo allá es superior al que tenemos acá, pero para nada, entre otras cosas descubrí que en términos de arte, tenemos un desarrollo mucho más alto que ellos, en el sentido de que contamos con buenas escuelas, contrariamente a lo que siempre se ha pensado. Reconocieron el nivel de la escuela mexicana de pintura y me dijeron que ellos no estaban capacitados para preparar a un artista mexicano, que más bien me iban a colocar en los talleres de artistas que estaban en Francia y que ellos me iban a justificar la beca. Entonces tuve la oportunidad de estar en el taller de William Stanley Hayter, que es uno de los talleres de grabadores más importantes del mundo, además de que fue el maestro en grabado de gente como Miró y Picasso, nada más ni nada menos. Lo que más me enriqueció fue el recorrido que hice por Europa para conocer galerías y museos, teniendo la oportunidad de observar de cerca la obra de los grandes de la pintura y la escultura.
Recientemente te llegó la invitación para participar en la Bienal de Florencia ¿Cómo recibiste la noticia?
Es una de esas cosas que no me preocupaban mucho por saber, pero esto de Florencia me inquietó, quería saber cómo habían invitado. Sé que la gente de las principales galerías de la ciudad de México me conocen (Misrachi, Lourdes Chumacero, Jana Nankin, Lourdes Sosa…), pero no me imaginé que esto sucedería a nivel mundial, eso me sorprendió y me di cuenta de lo importante que es promocionarse en Internet. Es una buena vitrina para que la gente sepa de tu obra, descubres que te comienzan a ver en Hong Kong, en Japón, en Costa Rica y hasta Nueva Zelanda. La invitación a Florencia creo que pudo haber llegado de esa forma.
Esta circunstancia me provoca un reto y una emoción especial, tengo que ir bien preparado, porque si mi trabajo responde en ese mercado te pueden jalar a las ligas mayores. Es una oportunidad para confrontarme. Vamos a ver qué pasa el tres de diciembre de este año.
En perspectiva ¿Cuernavaca podría ser un buen proyecto de ciudad cultural?
Cuernavaca es el lugar ideal para hacer de ella una capital cultural. Decían los franceses, “Nosotros no tenemos petróleo pero tenemos ideas”, y aquí, por ideas no paramos. Francia aparte de hacer de París una ciudad museo, ha creado una de las infraestructuras culturales más grandes de la tierra, y la gente va a esa ciudad a disfrutar de su belleza. Otro ejemplo está en la pequeña ciudad de Carmen by the Sea, en el oeste de la costa de California (Estados Unidos). Es un pequeño pueblo que tiene 20 calles por un lado y 20 para el otro y no pasa de ahí, es casi del tamaño de Ocotepec para hacerlo grande, pero cuenta con una poderosa infraestructura de galerías, más que la ciudad de México, Cuernavaca, Guadalajara y Monterrey juntos. 
Cuernavaca es la segunda ciudad (en todo el país) con más artistas e investigadores de primer nivel. Aquí ha vivido gente muy importante como: García Márquez, Manuel Puig, Vlady, Tamara Lempicka, Malcolm Lowry, Juan Gelman y Roger Von Guten, entre muchos más. Las preguntas obligadas son: ¿Por qué el gobierno no le da la dimensión y la importancia que debería a esta ciudad? ¿Será que no tienen ojos para ver? ¿Por qué no existe una política gubernamental en este sentido? ¿Por qué no promueven y se organizan con la iniciativa privada para aprovechar este potencial? La comunidad artística (toda) no queremos que Cuernavaca sea sólo albercas y cervezas de fin de semana. En concreto, no es más que el resultado de una mala política cultural.
En este aspecto ¿Tiene algún grado de responsabilidad la comunidad intelectual y artística de Cuernavaca?
Pareciera que tenemos el síndrome de la selección nacional de fútbol, hay gente importante que se entrega como pocos, pero perdemos como siempre por no saber jugar en equipo. La mayoría de los artistas están encerrados en su estudio lamiéndose sus amarguras, dando la impresión de que adquirieron una educación para ser empleados y obedecer.
Es común observar que las cuestiones culturales son atendidas por una o dos personas con vocación artística, pero el resto no la tiene y éstos son lo que frenan la actividad cultural. Esa es la triste realidad. Es probable que esto no le guste a más de uno, pero no me importa. Sé que no soy “monedita de oro”, simplemente soy Conrado Domínguez y no ando encapuchado. Estoy en contra de muchas cosas que están haciendo los gobiernos panistas y priistas en lo que se refiere a cultura. Como creadores tenemos que ennoblecer nuestra labor y lograr que la gente que ostenta el poder nos escuche.
Nota: El autor de esta serie de entrevistas es artista plástico y Director de elsalmon, Ediciones. Si tiene algún comentario lo puede enviar al correo electrónico: elsalmonediciones@prodigy.net.mx