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Libertad creadora, la principal característica en su pintura y escultura Es una de las 50 mujeres que pertenecen al Salón de la Plástica Mexicana
Fernando Silva / Especial
Cuernavaca. Originaria de Mérida, Capital del Estado de Yucatán, que entre otras cosas es la primera Capital Americana de la Cultura por virtud de su vocación y el impulso notable que ha dado a las actividades culturales. Yolanda Pantoja y Fuentes, mejor Yolanda Quijano, por así firmar sus piezas desde un inicio, es una mujer menuda de convicciones y voluntad inquebrantables, que colma de candor y consejo a todo aquél que se le acerque. Su pintura y escultura pasan por los caminos del realismo mágico y del surrealismo. Aquí sus palabras.
¿Cómo fue tu reunión con las artes plásticas? No te voy a decir que desde que estaba en el vientre de mi madre, pero sí te puedo decir que siempre tuve una fuerte inclinación hacia el arte. Me llamaba mucho la atención el cómo alguien podía reproducir una simplemente estampa o, hasta realizar un retrato. Esto me inquietaba mucho, cómo podían realizar esas formas. Empecé por los dibujos, pero realmente no pude comenzar en las artes desde temprana edad ya que me enviaron a la Universidad de Mérida para estudiar medicina. Ahí estudié no más de un año y medio, gracias a mi primer matrimonio, pero lo que aprendí me ha servido para mi carrera como pintora, por ejemplo, todo lo que respecta a la anatomía, la estructura ósea y muscular. A la fecha me encanta todo lo que tenga que ver con los temas médicos y siempre estoy curioseando. Mi ex esposo viajaba mucho y yo me quedaba muy sola, entonces me ponía a dibujar, así empezó todo. En ese tiempo dio la casualidad que Raúl Gamboa (que era un pintor bastante conocido) estaba casado con mi prima política Margarita Toledo y tuve acceso a él, le mostré mis dibujos y me dio unos consejos de lo que debería hacer; me ponía a copiar de libros hasta que me dijo: “Ya no copies más, no copies nada, nada, nada. Dedícate a hacer cosas ennatural”. Entonces empecé a dibujar a la mujer que me auxiliaba con los quehaceres del hogar, fui aumentando esa necesidad y esto fue lo que me encaminó por este maravilloso sendero de las artes. Posteriormente Raúl volvió a decirme: “Ya no hagas más copias, dedícate a hacer cosas más creativas”, entonces me entró la tentación de hacer algo nuevo y me fui a Chapultepec, ahí los sábados por la mañana había clases gratuitas de paisaje y, mientras mis hijos jugaban, yo me ponía a pintar. ¿Tuviste oportunidad de realizar estudios profesionales? Yo no quería porque era muy complejo para mí, pero unas amigas me llevaron en 1960 a la Escuela Nacional de Pintura, Escultura y Grabado “La Esmeralda”. Fue muy difícil, primero, porque cómo le hacía con mis hijos y luego no tenía dinero para la inscripción. Finalmente una amiga me prestó el dinero (que por supuesto le devolví) y así fue como entré a estudiar por espacio de dos años, en medio de tremenda faena con hijos, hogar y marido. Recuerdo cuando la primera vez que vi a Fanny Rabel y a Lupe Sierra, que era de las alumnas avanzadas de “La Esmeralda” y me quedaba admirada, –en esos días se usaban mucho los suéteres de Chiconcuac, de esos que se pusieron de moda–, contemplaba sus cuadros y empezaba a ver cómo habían pintado la cabellera y que aquí le metió violeta y aquí le puso azul, me asombraban sus pinturas ¡qué creatividad! Con los años piensas sobre esa capacidad de asombrarte, creces y vas entendiendo muchas cosas. Ahora me acuerdo y hasta lo noto divertido. ¿Quiénes fueron tus maestros?
¿En qué momento te presentas ante la sociedad como pintora? Empecé a notar que estaba haciendo cuadros bastante creativos, porque ya tenía cierto oficio y quería vender. Fui al Jardín del Arte (en Sullivan) para vender mis cuadros y me acuerdo que el maestro Rivero me dijo: “Nunca vas a ser pintora porque te vas a prostituir. Porque en el Jardín del Arte todos se prostituyen”. Pero eso no es cierto, porque gente como Benito Meseguer, Fanny Rabel, el escultor Bayron Gálvez, Miguel Hernández Urbán, Adriano Silva y puedo citar a muchos que han pasado por ese jardín, la mayoría son artistas que se esmeran y le dan a su trabajo el mejor de los resultados. Es una forma para que los creadores que inician puedan vender sus piezas para sobrevivir en este duro camino. Además, se divertía uno muchísimo. ¿Cómo fue la experiencia de vender tus piezas en ese inicio? Es un reto muy grande vender entre tantos competidores que están en el mismo barco y que se esfuerzan domingo a domingo. Lo que pasacon la pintura y en general con el arte, es que la gente (clientes y/o coleccionistas) te va indicando hacia dónde ir, aunque uno ya no quiera usar cierta tendencia, ellos la siguen solicitando y tú la tienes que hacer. Independientemente de eso que puedes realizar, los temas que quieras abordar y lo que te encargan. Se pueden hacer las dos cosas. Lo que pasa es que te tienes que ubicar en donde tú quieras estar o, donde te dicte el corazón. Ahí es donde está la diferencia entre vender y no vender, hay que hacer las cosas con pasión y entrega total, convencidos de que lo que se realiza vale la pena. Tiene uno que provocar en el espectador la capacidad de asombro. En el arte tienes que pensar si quieres ser rico o si quieres ser feliz. No tienes que pensar en el arte como dinero, si viene pues qué padre, y si no, ya vendrá de otra manera la forma de resolver la vida, tú trabaja y nada más. ¿Cómo defines tu línea plástica? En México se estaba consolidando el arte abstracto (estilo plástico que se reconoce por la eliminación de todo aquello que tenga que ver con la “realidad”, logrando una síntesis estética o una interpretación subjetiva) pero a mí no me daba por mi forma de sentir y de pensar, podría haber seguido en esa línea, pero se me hacía que estaba jugando nada más. Desde entonces me dije que haría una simbiosis de lo que hacía con lo que quería hacer, y eso fue lo que forjé. Siento que en mi pintura no he manejado el surrealismo como mucha gente me dice, pero finalmente cada quién ve lo que quiere ver. Cuando empecé a hacer escultura quería lograr algo diferente y emprendí mi trabajo con la figura ambientada, hacer pequeños mundos. Adriano Silva me ayudó mucho a hacer realidad este sueño, porque tenía miedo de no poder lograrlo, no sabía cómo realizar mis ideas. Actualmente experimento con mis pequeños mundos cuando me siento libre, cuando tengo algo muy claro en mi mente y, como se dice vulgarmente ¡A lo que te truje Chencha! ¿Realizas bocetos? Sí. Siempre mis trabajos tienen la infraestructura, tengo que hacer el diseño. Cuento con mucho material y todo el tiempo me pongo a dibujar, a dibujar y a dibujar. Estoy nada más en ese período de gestación ycuando se trata de pintar voy a mis cuadernos de apuntes, que es en donde tengo muchos cuadros resueltos, facilitándome así la realización de mi pintura. Resuelvo los posibles problemas con antelación y hasta me imagino los colores, así decido qué voy a hacer en tonos cálidos o fríos, me voy imaginando cómo me va a quedar mejor. En tu pintura predomina la figura femenina ¿por qué? Porque soy mujer y creo conocerla más. Primero dibujaba mujeres oprimidas, porque yo me sentía así, pero después vas descubriendo que no existe la opresión, ni la discriminación de la mujer, todo es mentira. Todo lo que les ocurre a las mujeres es porque quieren, porque les da la gana, a las que les dan una tunda es porque quieren, porque eso lo pueden evitar. Por ejemplo en el arte, en una conferencia en Canadá, dijeron porqué habían discriminado la obra de las mujeres, y yo dije, no es cierto, si las excluyeron fue porque los trabajos presentados no tenían calidad. El arte no tiene sexo. ¿Cómo observas las nuevas tendencias artísticas? Es emocionante, interesante y motivador. Lo lamentable es que mucho es efímero, sobre todo eso que le llaman Performance o instalaciones, entre Adriano y yo hicimos hace dos años un ensamble (bastante comentado y llamativo), se gastó dinero en tubería, en telas y tiempo de trabajo, y después qué, lo quitas, coges tus trapos, los guardas y no pasó nada. Así es muy difícil que te den reconocimiento, finalmente te digo, tienes una palanca y mueves al mundo. ¿Se está perdiendo la escuela de arte? De la misma manera como se está perdiendo la familia y el concepto de moral en esta sociedad. Igual está el arte, va por ese mismo rumbo. No tenemos una educación adecuada, la mayoría de la gente está más al pendiente de “su telenovela” y piensa que así es su existencia. Hay que vivir la realidad y conquistar entre todos una mejor calidad de vida, no la que nos ofrecen los medios de comunicación masivos, que a todas luces están coludidos con los gobernantes. ¿Cómo adviertes el quehacer de las autoridades artísticas?
Un ejemplo que tenemos en Cuernavaca está en el Jardín Borda, no me parece que hayan decidido cobrar la entrada los domingos. Sabes qué pasa, todo el mundo se queda callado, nadie dice nada. Y yo no tengo nada que perder, se me hace injusto. Con lo que se cobra en la semana, siempre ha sido suficiente. Además, han metido un enjambre de empleados que no sirven para nada. Una buena administración no necesita tener tanto subalterno, con menos puedes hacer mucho si estás capacitado para lo que te han contratado. Termina siendo grosera esa posición, si de por sí la gente tiene ciertos problemas para asistir a estos lugares, más ahora con este cobro. No se vale, la comunidad artística debe entender que si no alzamos la voz nadie nos va a escuchar.
Nota: El autor de esta serie de entrevistas es artista plástico y Director de elsalmon, Ediciones. Si tiene algún comentario lo puede enviar al correo electrónico: elsalmonediciones@prodigy.net.mx |
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