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Educación y compromiso, son ingredientes indispensables para el desarrollo de cualquier creador Víctor Manuel Contreras, un artista público en todos los aspectos Una escultura emblemática de Cuernavaca es “La Paz” (La Paloma), pieza del maestro Contreras.
FERNANDO SILVA / ESPECIAL
Cuernavaca. Víctor Manuel Contreras nace en el Municipio de Atoyac, en el Estado de Jalisco, en donde se le considera personaje ilustre. Y por propia voluntad, hijo predilecto de Cuernavaca. Adquiere su formación como pintor y escultor en La Academia de San Carlos y, como buen mexicano, amplió sus estudios en: Institute of Modern Art de Nueva York, Kunstakademie de Múnich, Scuola delle arti ed uffici di Brera en Milán, así como en la Sorbonne y en la École nationale supérieure des beaux-arts en París. Ha diseñado, desarrollado e instalado magnas esculturas en diversas ciudades del mundo, logrando así el reconocimiento y admiración de selectos e importantes grupos de la sociedad mexicana e internacional. Dos ejemplos de su notable trayectoria como escultor se localizan en la Plaza Tapatía de Guadalajara “Inmolación de Quetzalcóatl”, considerada la escultura (forjada en bronce y a mano) más alta del mundo, y “La paz”, popularmente conocida como “La paloma”, ubicada a la entrada de la ciudad de la eterna primavera, en el entronque de la Av. Domingo Diez y la calle Heroico Colegio Militar. Entre sus múltiples actividades como propulsor del arte en México, en 1969 funda el Museo de Arte Contemporáneo de la Universidad Autónoma de Guerrero, siendo el primero de este tipo fuera de la Ciudad de México. Un dato que vale la pena resaltar, para lograr tan meritorio objetivo, el maestro Contreras adquiere obras de importantes artistas contemporáneos de México, Estados Unidos y Europa. Principalmente los diversos problemas que hay en este país respecto al desarrollo de la educación artística. Pedía becas y no me las daban, fue más fácil conseguirla en el Instituto de Arte Moderno de Nueva York. Cuando iba por las tardes (en 1957) a la Academia de San Carlos con el escultor Ignacio Asúnsolo –que me dejaba estar en su clase–, fue que logré el premio para irme becado. En realidad me fui muy resentido de mi país, fue un exilio voluntario que tomé a la edad de 16 años. En Alemania hice mi bachillerato en artes y de ahí me fui a Italia a la Escuela Superior de Artes Brera en Milano. Me dedicaba totalmente al arte, pero no siempre fue la escultura y la pintura, canté opera por espacio de siete años, estuve becado en el Conservatorio de Música en Alemania. No fui el joven inquieto por el rock, nada de eso, me interesaban los museos, ir a los grandes conciertos, ver danza clásica (Ballet), era lo que me gustaba a mí; retorno a México cuando me cansé de ser extranjero. Liar los bártulos ¿Cómo te readaptas en México? Entre otras cosas, me regreso porque mi abuelita estaba muy delicada de salud. Después de 10 años por Europa, llego a Chilpancingo, Guerrero, a dar clases y a fundar el primer Museo de Arte Contemporáneo en provincia. Cuando vino a México el maestro Olivier Piccard, gran maestro surrealista, íntimo de Picasso, fue a mis clases en Chilpancingo, y me dijo: “…eres un gran maestro, pero lo que haces es repetir, transmitir lo ya visto, lo ya escrito y lo ya hecho. Lo que tú creas, nadie lo puede hacer, porque es lo que tú sientes, y creo que debes de regresar a lo tuyo. Está bien lo que estás haciendo, perfecto, pero el tiempo y la vida se te va, y no creo que esto te haga plenamente feliz”. Le respondí: “…maestro, ya esculpí bronce, mármol, piedra en general y madera, ahora quiero esculpir vidas”. ¿Cómo observas a los creadores en México?
México necesita una revolución cultural, esto no puede ser ni de izquierda ni de derecha, sino de gente consciente y comprometida con lo que se tiene que hacer para salvar lo nuestro. En mi trayectoria he tenido algunas experiencias muy lamentables porque he visto a algunos que se dicen intelectuales –de ideologías extremas– cómo manipulaban el trabajo de uno para hacer pedestales, para proyectar su ego y sus grupos, manejando así las influencias y destruir lo que hiciste, y sólo porque no estabas de acuerdo con sus tendencias y/o porque no militabas en sus imposiciones. Nuestra gente es sensible, es buena, sufrida, abnegada, paciente y desafortunadamente manipulada por toda esa fuerza, por esos grupos desgraciados de poder político y económico, no es posible, esto no puede seguir así. El hombre no se mide por el instinto sino por ese ser que se manifiesta en la creación. Entonces, un artista es aquél que logra aportar algo, si él no lo consigue y se convierte en un remedo de los demás, no se puede llamar artista. El compromiso y el reto son muy grandes. Simplemente con que sean auténticos ya la hicieron, si la creación es un acto de amor, pues ama y serás libre, ama y tendrás paz. Después de haber conquistado algunas de las principales salas de exhibición en Europa y Estados Unidos me dije: “Ahora sí, voy a salvar cuando menos a un mexicano, y ese voy a ser yo, porque con los demás no es posible”. Tienen que arrancar por ellos mismos, sentir la necesidad de ser y de crecer sin imposiciones. En muchos casos es como si tuvieran una fatal infección que solamente la van aliviar con varias inyecciones de educación. El que no sienta la necesidad de alimentarse con conocimientos para poder ser fuerte y salir a la lucha, será parte de esas generaciones sacrificadas por sí mismas. Si nos capacitamos nos hacemos respetar y eso nos da libertad. Un ejemplo de lo que estoy diciendo fue cuando presenté la escultura “La nave del Tiempo” que se encuentra a la salida de Cuernavaca (por la autopista que va a Acapulco), invité al Dr. James Dewey Watson, Premio Nobel en Medicina, uno de los descubridores de la estructura de la molécula de ADN y, antes de la presentación, hablé con Marco Adame (gobernador de Morelos) y le dije quien vendría, para mi sorpresa me preguntó… “¿Cómo le haces para conocer gente tan importante?” A lo que le contesté “Siendo importante”. ¿Cómo concibes la escultura “La Paz”?
Al poco tiempo entra una enfermera y me fui a caminar por los jardines, me cae una pluma blanca de gaviota en mi hombro y cuántas cosas pasaron por mi mente, si yo hiciera una escultura de esta pluma… Tenía nada más la pluma y para mí ya es un ave en vuelo, es un alma que se desprende. Pero si le hago la cabecita, ya es el ave; como traía mi cuaderno de apuntes, me puse a hacer el dibujo y que subo con el maestro y le digo: “Mira, Olivier, lo que acaba de nacer aquí”, “…me inspira hacerla porque es el vuelo hacia la paz eterna”. Llegando a México con el recuerdo de aquél momento y de esa emoción tan fuerte empecé a desarrollar la pieza. En el proceso se presenta una exposición en Japón y los japoneses la querían. Viene a verme el entonces alcalde Porfirio Flores Ayala: “…tú vives en Cuernavaca, deja algo en esta ciudad”, y le dije: “Habla con los japoneses, si aceptan la otra, ésta se queda en Cuernavaca”. Los japoneses estuvieron de acuerdo y también estuve conforme con el trato. Para mí Cuernavaca es un remanso de paz, como mi mamá dice: “Llego a Cuernavaca y siento que me abraza”, lo mismo es para mí. Entonces le dije a Porfirio Flores, te la doy, pero yo escojo el lugar. Quiero que reciba al que nos visite y que la escultura cumpla con su mensaje. Cuando la gente llega, abre sus alas para recibirlos en su seno, pero cuando se van, se transforma en una semilla. ¿Qué quiero decir? Une la paz en tu corazón en ese vuelo tan efímero que es la existencia y hazla llegar a los demás. Curiosamente, un año después de muerto el maestro Olivier, se presenta un concurso de escultura, el gobierno de Bélgica había instaurado ese premio OP y entonces su mujer me dice que podía participar y mandé el modelo en homenaje al maestro. Lejos estaba de ganar, pero el primer premio internacional que gano aparte del de París, fue ese. Les fascinó, porque era la primera escultura que se hacía a la paz, en un mundo que desde siempre ha estado convulso y envuelto en guerras. La paloma a la paz de Picasso está aplastada, como despedazada, la mía, sale como un aliento de esperanza. Las cosas tienen, como nosotros, su destino. Todo es por algo. Una de las muchas enseñanzas que me dejo Olivier fue la siguiente: “Si el mundo te da un peso por lo que haces, vale 10”. En una exposición en Londres vendí una pieza en un precio que me pareció muy alto y sentí que le robaba al comprador, le mencioné a Olivier ¿sabes en cuanto tiempo lo pinté? En un mes. No, Víctor Manuel, te tomó toda la vida poderlo pintar en un mes. Esa era la manera en que él veía las cosas. Cuentas con diversos e importantes reconocimientos ¿Cuál de ellos tiene más significado para ti? El que más me conmovió fue cuando Francia me dio el reconocimiento Palmas Académicas en Artes y Letras. Era una manera de hacer ver a los míos que había logrado algo, que era motivo de orgullo y de satisfacción no sólo para mí, sino para los mexicanos. Luego viene La Legión de Honor, la más conocida e importante de las condecoraciones francesas establecida por Napoleón I. Después de haber conquistado estos galardones, es cuando en México me voltean a ver. Antes de esto no me dieron nada, seguramente porque a sus ojos era muy joven y eso aquí es como vivir en pecado. Pareciera que las autoridades no pueden reconocer el talento de sus creadores, quizás por ello los apoyos al arte prácticamente no existen. Si no logran ver más allá de sus narices, como van a procurar y dignificar a los artistas. Los apoyos, premios o reconocimientos son como la brisa de la tempestad de tu alma, porque los artistas estamos conscientes y latentes en lo que representa esa necesidad de vivir, hacer y plasmar, es como si fuera una caricia del mundo exterior que llega al interior y te estimula y te hace sentir con el derecho de ser y de seguir adelante. Son seducciones muy valiosas.
¿Tienes alguna obra en puerta? En este momento realizo una obra importante en los talleres, estoy en el principio de “La tierra”, que nos da el origen de la vida y nos da el bien y el mal. Trabajo por placer y al hacer mis piezas nunca espero a que ni la gente de gobierno, ni con poder económico decida hacia dónde van, este tipo de personas tienen una tendencia por condicionar, proponer, disponer o desbaratar; me siento más a gusto cuando ninguna cabecita de opinión, poder político, financiero o intelectual se mete en una obra que está en gestación. Cuando ya está, bienvenidas sus opiniones. Entonces estoy haciendo “La tierra” y cuando sea el momento de que ya puedan observarla será algo extraordinario. Nota: El autor de esta serie de entrevistas es artista plástico y Director de elsalmon, Ediciones. Si tiene algún comentario lo puede enviar al correo electrónico: elsalmonediciones@prodigy.net.mx |
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